“MATADORAS” DE GLORIA
Dicen que el fútbol es el deporte rey y juego de “machos”, pero, hasta donde sabemos, el vóley ya es una práctica de muchos… Más allá de los chimpunes y los pantaloncillos cortos que ostentan la rudeza de cada jugador sobre las canchas, el voleibol a sus anchas, produce alegrías y amor por la camiseta peruana, que en Canto Grande, Villa Maria y Ciudad del Pescador, reúne a niños, jóvenes, adultos y hasta gays en un solo mate.
Entre la decadencia del fútbol y la casta del voleibol
Con perfil bajo y sin los favoritismos que posee el fútbol, el voleibol ha sido y es energía pura con sabor a éxito que, a través de varias generaciones, nos ha engrandecido y ubicado entre las mejores ligas mundiales de este deporte. Pero, a pesar de ello, se sigue marginando a esta disciplina, ya sea por machismo tercermundista o por discriminación hacia la mujer, el vóley se sigue empaquetando en un oscuro sendero que pretende minimizar sus logros y colocarlo a la sombra del balompié.
Sin embargo, nadie es ciego o sordo, nadie puede ser indiferente ante la victoria que siempre ha tenido nuestro vóley, desde los históricos días de grandes figuras como Gaby Pérez del Solar, Rosa García, Cenaida Uribe o Natalia Málaga, hasta los actuales y candidos sueños de promesas como Vivian Baella, Karla Torres o Alexandra Muñoz -la selección de menores que imparte ejemplo y emociona a la tribuna-, el vóley sigue produciendo triunfos, a diferencia del fútbol, que hace más de dos décadas nos tiene sometidos dictatorialmente a aceptar su fracaso.
No hay duda, el fútbol peruano es sólo un gran negocio, pues está lleno de dirigentes oportunistas que se llevan el dinero en camiones, jugadores mediocres que se creen superestrellas a pesar de sus rotundos fiascos en los partidos y periodistas sobones que venden su opinión por un anticucho en cada conferencia de prensa. Y, ante todo esto, la llamada afición sólo se conforma -cuales carneros al matadero-, en seguir acudiendo a los espectáculos de la derrota que siguen protagonizando los equipos, los mismos que nos siguen metiendo el dedo con sus planteles, ejemplo: Universitario de Deportes y Alianza Lima con sus ya trillados “Clásicos”.
Esto, por supuesto, no es una queja, mucho menos es una ofensa para aquellos tontos “corazoncitos cremas” o “blanquiazules” que hasta este momento ya me deben estar odiando, esto es un llamado a vuestra inteligencia (si es que algo les queda a algunos “hinchas”), y una convocatoria pública que propone el apoyo a disciplinas deportivas que sí se merecen nuestro respaldo, soporte y respeto, pero, sobretodo, deben tener definitivamente el impulso del Estado, a través de políticas y presupuestos que permitan formar deportistas, independientemente a que la empresa privada intervenga o no.
“La religión es el opio del pueblo”, dijo alguna vez Karl Marx y es que hasta nuestros días, esa frase no sólo encaja perfectamente en el cristianismo superficial que vivimos en el mundo de hoy, si no que le quepa como corsé perfecto al fútbol nacional, pues con su maquinaria de comunicación y su voraz marketing de serpientes venenosas, nos inyectan violencia, egoísmo, destrucción y un entupido “amor por la camiseta” a nuestro club favorito, conceptos que sobrepasan todo fanatismo y raciocinio humano.
Mil disculpas mis queridos “hinchas”, pues como este deporte no entiende de razones, quizás yo la tenga o no, es lo que menos importa, aunque, a quien le quede el guante que se lo chante… ¡que empiecen los insultos!
Escrito por: Carlos Huamán
Fotos: www.vivevoley.com




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